Mohamed Salah, el ídolo aspirante en dos frentes

Tema en 'Actualidad Mundial' comenzado por Dante, 6 de Mayo de 2018.

  1. Dante

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    Al Sisi, que en julio del 2013 lideró un golpe de Estado y ganó las elecciones del año siguiente, fue limpiando el camino de contrincantes incómodos ya antes de este proceso y finalmente se topó solo con un fantoche llamado Musa Mustafa.

    No hubo sorpresa alguna Al Sisi, con el 97 por ciento de los votos válidos, barrió a Mustafa, que apenas alcanzó el 3 por cien , y se ha posicionado para un segundo –y último, según él– mandato de 4 años.

    La única curiosidad en el recuento de sufragios fue comprobar que en casi un millón del total de votos nulos (1’762.231), ciudadanos egipcios tacharon a los dos postulantes y escribieron el nombre o dibujaron el semblante del futbolista Mohamed Salah, la estrella del Liverpool inglés y también ídolo total en su país.

    La celebridad de Salah no tiene parangón en Egipto. “Absolutamente todos se identifican con él, lo asocio a lo que vivió Argentina con Maradona. Es algo bárbaro”, ha dicho Héctor Cúper, el técnico argentino de la selección egipcia, que en Rusia dos mil dieciocho vuelve a un Mundial después de 28 años.

    —Un dulce muy apetecido—Sustraerse al imán de popularidad que tiene Salah no es una cosa que el Gobierno Egipcio esté presto a hacer. Y si son causas altruistas, imposibles de tildar de ventajistas, el resultado es redondo.

    Hace 4 semanas el Ministerio de Seguridad Social lo convocó para formar parte de una campaña antidrogas dirigida a los jóvenes. Desde que el vídeo de Salah se propaló, las llamadas al teléfono libre para la rehabilitación de personas aquejadas con adicciones se han incrementado en cuatrocientos por cien , conforme la ministra Ghada Waly. En solo 3 días el video fue visto más de 9 millones de veces en las redes sociales.

    La tarea filantrópica del delantero también está al margen del Gobierno. En los últimos meses ha donado máquinas de diálisis a un hospital de su urbe natal, ha comprado un terreno para la construcción de una planta de tratamiento de aguas y ha renovado polideportivos públicos, una escuela y una mezquita.

    Todos se cuelgan de las barbas del goleador en su país para alcanzar fama. Lo puede testimoniar Salah Montaser, columnista del diario oficial “Al-Ahram”, que a principios de marzo lo urgió a que se afeitara “para que no fuera metido en exactamente el mismo cesto que extremistas y terroristas”. Las tempestuosas reacciones en las redes sociales –casi todas y cada una criticándolo– fueron un bálsamo para la alicaída lectoría de Montaser.

    —Embajador en Europa—Pero los ‘milagros’ extradeportivos de Salah no se circunscriben a su nación. Conforme un reciente artículo de “The New York Times”, el egipcio está contribuyendo vigorosamente a espantar la islamofobia en Gran Bretaña.

    A partir de los atentados perpetrados por el Estado Islámico en Europa, los delitos de odio contra los musulmanes han aumentado en el R. Unido, con picos de crímenes por motivaciones religiosas.

    Que desde hace 9 meses (el tiempo que lleva en Liverpool) Salah festeje sus goles mostrando su fe –se hinca de rodillas para prosternarse ante Alá– ayuda a romper muros, según los especialistas. Un cántico de los hinchas ‘reds’ dice “Si mete ciertos goles más, me vuelvo musulmán”.

    “Encarna los valores del islam y muestra abiertamente su fe. Es el héroe del equipo. No es la solución a la islamofobia, pero puede tener un rol fundamental”, dijo Miqdaad Versi, asistente general del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, en el documental de “NYT”.

    Es muy prematuro aún saber si este chico próximo a cumplir veintiseis años le cumplirá el sueño a sus compatriotas que anularon el voto.

    En África hay un precedente. George Weah, el único futbolista de ese continente que ha ganado el Balón de Oro, es el líder de Liberia desde enero del actual año.

    Por estos días se habla justamente de que Salah pueda competir por ese trofeo y reiterar la proeza de Weah. En 40 días, el egipcio alcanzará algo que el liberiano jamás pudo jugar un Mundial. El sillón presidencial puede aguardar.