Autoridad y clave de la energía a la opinión de la dirección

Tema en 'Economía y Finanzas' comenzado por Dante, 23 de Abril de 2018.

  1. Dante

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    Autoridad y poder claves para el liderazgo Opinión | Foro Economía Día 1 | Foro Perú


    Como en toda corporación, también en el caso particular de una empresa se puede analizar la autoridad separándola en tres tipos, que se consolidan al instante de ejercerla la formal, la otorgada y la personal.

    El primer tipo, la autoridad formal, es la que te entregan los accionistas, directores o bien otros ejecutivos de la compañía al promoverte o bien contratarte para una determinada posición. Está detallada en los estatutos y poderes, y suele apoyarse en una estructura jerárquica en donde el CEO –el ejecutivo a cargo de la empresa- es el que detenta la mayor autoridad formal de todos los cooperadores de la misma.

    El segundo, la autoridad otorgada, es aquella que tus pares y el equipo que va a depender de ti decidan -por último- en qué grado entregarte. Pero ello no significa que vayan a reunirse para delimitar a través de votación o método afín el grado de autoridad que te otorgan.

    En un proceso que se marcha construyendo individualmente, cada cooperador va a decidir, consciente o de manera inconsciente, si eres el líder que quiere tener, si ofreces el perfil profesional y personal que se precisa, si tu historia personal y tu estilo de relacionarte es el conveniente.

    En resumen, se formarán una opinión sobre ti y sobre la pertinencia de tu nombramiento para, entonces, de acuerdo a un proceso informal de intercambiar opiniones en oficinas, corredores y lugares comunes, tú percibas (sin un memorando o bien correo electrónico) el grado de autoridad que te han otorgado.

    El tercer tipo es la autoridad personal, la que nace de una pulsión vinculada a la autoafirmación e independencia y que ha ido evolucionando de forma positiva a lo largo del tiempo.

    En niveles diferentes. todos tenemos ese tipo de autoridad, cuyo primer nutriente es el soporte y aliento de nuestros progenitores y personas significativas. Se afianza entonces, cuando conseguimos integrar nuestras experiencias de tal modo que incluso aquellas que nos crearon contrariedades nos sirvan para medrar emocionalmente.

    Ello implica mantener viva la curiosidad, la satisfacción e interés en lo que se nos presenta, asumir peligros razonables, estar abiertos a aprender e investigar, formar vínculos genuinos con los demás, ser empáticos, agradecidos y solidarios, soñar, ponerse metas y estar satisfechos con uno mismo.

    Quiero ahora compartir con ustedes una experiencia que me vino a la psique al redactar este artículo. Todos recordamos o, por lo menos, hemos escuchado sobre la crisis financiera derivada de la gestión de la deuda sub-prime que remeció los mercados financieros globales en dos mil ocho y produjo resquebrajamientos tan graves que forzaron a los gobiernos a intervenir en sus economías.

    Por aquella temporada trabajaba en una compañía que tenía importantes inversiones financieras en los mercados perjudicados. En el instante culminante de la crisis, un directivo de la empresa con autoridad sobre mi gestión nos preguntó a un conjunto de ejecutivos de la compañía si teníamos bonos de un determinado banco internacional.

    Cuando dijimos que sí, nos aconsejó que no los vendiéramos, pues pensaba que la situación del banco era débil, mas no al nivel de incumplir con sus obligaciones.

    Días después, este banco se declaró en quiebra. A las poquitas semanas volvimos a reunimos y el directivo nos preguntó cuánto habíamos perdido con los bonos del banco quebrado. Le confesamos que solo el valor de la pérdida estimada en la data de nuestra anterior charla, puesto que habíamos vendido la situación.

    Tras un silencio que se nos hizo eterno, nos ofreció una contestación que formó una valiosa contribución al desarrollo personal y profesional de múltiples de los presentes “¡Qué suerte que no me hicieron caso!”.

    De esta lección saqué dos grandes conclusiones. La primera fue descubrir que, cuando una persona ha desarrollado y emplea de manera coherente y en la proporción adecuada los tres tipos de autoridad –a mi modo de ver la autoridad personal y la otorgada son los ingredientes primordiales de la receta– estamos frente a un líder que sabrá llevar a la organización hacia sus objetivos en tiempos de bonanza o de complejidad.

    La segunda fue valorar la relevancia de contar con miembros de tu corporación, guías, amigos, compañeros de trabajo y otros que puedan servirte de ejemplo. De esta forma, las experiencias compartidas con ellos y asimismo sus consejos te ayudarán en momentos de complejidad y también inseguridad, pues siempre vas a poder preguntarte en esta situación, ¿qué habría hecho o bien ?