Recuerdo que mi padre pasaba sus ratos libres en la oficina de nuestra casa así que siempre tuve curiosidad por ver que tanto hacia allí, muchas veces intente entrar en ella pero mi madre me lo prohibía con la excusa de que había muchas cosas importantes en ese lugar que no podía tocar, ya siendo adulto pude entrar y ver que los tesoros que guardaba mi padre eran libros, algunos con un valor monetario y otros con valor sentimental, solo que muchos están regados por el piso así que decidí comprarle a mi padre librerias para organizar aquel lugar que tanto atesora, hoy puedo decirles que me siento tan a gusto que paso al igual que el, horas en ese pedacito de espacio donde el conocimiento abunda.